ContextoUna bebida que existe porque existe una comunidad.
Cada 8 de septiembre, durante La Bajada del Niño de Mula, una familia prepara y comparte el Chapurrao con quienes acompañan la romería. Servido de mano en mano en un porrón, su valor no reside únicamente en la receta, sino en el gesto de hospitalidad que representa.
Sin identidad visual, producción industrial ni presencia fuera de la celebración, la continuidad del Chapurrao depende de la memoria oral y familiar. El proyecto parte de esa fragilidad para explorar cómo el diseño puede ayudar a preservar y comunicar una tradición sin convertirla en un producto desvinculado de su origen.
01 · IdeaFruto de la fe
El Chapurrao no responde a una necesidad de consumo, sino a una necesidad emocional. Se prepara por devoción, se ofrece como gesto de cuidado y se comparte entre quienes acompañan al Niño.
De esta reflexión nace el concepto «Fruto de la fe»: una forma de explicar que la bebida es consecuencia de la tradición, la comunidad y el vínculo espiritual que sostiene la romería.
Los ángeles se incorporan como puente entre lo sagrado y lo cotidiano. Igual que los romeros, acompañan al Niño; dentro de la identidad se convierten en guardianes del porrón y portadores del Chapurrao.
NamingLa Bajada como lugar, momento y marca.
«Chapurrao» describe la bebida, pero no construye por sí solo un sistema capaz de identificar todos sus elementos. Por eso se crea una marca paraguas para el porrón, los ingredientes, el envase y las piezas editoriales.
El nombre «La Bajada» procede del momento exacto en el que se comparte el Chapurrao: el descenso del Niño desde el santuario del Balate hasta el casco urbano de Mula. Es una expresión reconocible para la comunidad y sitúa inmediatamente el proyecto en su contexto geográfico, cultural y emocional.
Este bloque puede terminar con el logotipo aislado, ocupando casi toda la anchura.
02 · SistemaUna identidad entre lo devocional y lo popular.
La identidad combina una tipografía robusta y de carácter tradicional con un lenguaje editorial directo y narrativo. El logotipo aprovecha la descendente de la letra J para introducir gráficamente el gesto de la bajada.
El amarillo procede del color de la bebida y de la energía de la celebración. El negro funciona como contrapunto, aporta contraste y conecta el sistema con una estética más solemne.
Los ángeles, los grandes bloques de texto y expresiones como «Por y para aquellos que acompañan al Niño de Mula» construyen un lenguaje reconocible que puede extenderse a etiquetas, envases, piezas editoriales y soportes digitales.
EditorialUn folleto que cuenta una historia
El folleto traslada el concepto de La Bajada a su propia estructura. Sus páginas escalonadas construyen una lectura descendente y permiten descubrir progresivamente diferentes voces de la celebración.
Expresiones como «Viva el Niño de Mula», «Viva la romería» o «Viva el Chapurrao» convierten la pieza en algo más próximo a una proclama popular que a un folleto informativo. El formato obliga a manipularlo y hace que la lectura forme parte del ritual.
03 · ResultadoDiseñar para que algo permanezca.
La Bajada convierte una tradición transmitida oralmente en un sistema capaz de ser reconocido, contado y conservado. La identidad se aplica al packaging, la edición y el entorno digital manteniendo una misma narrativa.
El resultado no busca independizar el Chapurrao de la romería, sino reforzar el vínculo entre ambos. El diseño actúa como memoria, como herramienta de difusión y como una forma de devolver valor a un gesto que conecta generaciones.